Otro cuento del Tío

25Ene09

En el año 1975, compramos entre tres amigos un campo en las cercanías de la Ciudad de La Paz, en  Entre Ríos.

Viajábamos cada 20 o 30 días y generalmente lo hacíamos de a dos.

En una oportunidad volvíamos para Buenos Aires, y al comenzar la ruta de Rosario para Capital, vemos a un paisano con un niño de unos 5 o 6 años, hacer dedo.

gaucho_con_mate

Paramos y al preguntarle para donde iba, no dice con cara de sufrimiento , que hasta la primer estación de servicio, a pocos quilómetros.

Lo llevamos y a los pocos minutos lo veo por el espejo retrovisor qu el hombre lloraba y el niño lo abrazaba en absoluto silencio.

Lo codeo a mi amigo, y al ver la situación, le preguntamos si lo podíamos ayudar en algo.

Este paisano nos cuenta que se dirigía a la estación de servicio para ver si lo encontraba al dueño con el objeto de pedirle unos pesos, ya que uno de sus hijos se había lastimado con una guadaña y necesitaba urgente un antibiótico debido a una importante infección.

Le preguntamos cuanto necesitaba y nos dijo que eran unos 20 pesos de hoy. Poco dinero en un viaje como el nuestro y para nuestro bolsillo.

Nos compadecimos y le dimos el dinero, pensando en el chico lastimado y el “sufrimiento” del padre frente a tal necesidad y urgencia.

Volvimos a Buenos Aires y a los 15 días tuve que volver al campo por no se que causa.

Cuando a la vuelta, y en el mismo lugar que la otra vez, me lo encuentro al tipo haciendo dedo con el chico, me avivé, que el muy guacho me había timado.

Paré y de digo:

__Guacho, estas esperando a otro para cagar.

Sin esperar un instante empezaron a correr como dos liebres. Uno pasó por arriba del alambrado y el pendejo por abajo. Corrían sin parar a campo traviesa y yo entre bronca y risa seguí mi viaje a Buenos Aires.

alambrado

La inventiva para el curro existió siempre y el “cuento del tío” tiene infinitas variantes y que no es un invento solo de la “Ciudad”.

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11 Responses to “Otro cuento del Tío”

  1. Este tipo de hdp son los que después nos hacen dudar a la hora de ayudar a alguien que realmente lo está necesitando. Y así nunca vamos a mejorar la especie, vea mire…

  2. De garcas estuvo siempre lleno el mundo. Peores son los funcionarios que nos gobiernan desde hace muchos años y los bancamos como verdaderos “sobrinos”

  3. Por eso mejor no ayudar a nadie a menos que lo conozcas ( aunque te puede cagar igual ). Con las miles de personas que mueren por hambre, guerra y enfermedades en el mundo, trato de no preocuparme de uno solo que pone un cartelito de tengo 25 hijos y no tengo laburo.

  4. 4 Dante

    SI, comparto con El Celestino, peor son los funcionarios. El paisano a lo sumo aspira a tu ignorancia y a la lastima que puede brotarte al ver esa escena del paisa llorando con su hijo. Es el mismo caso de los que piden dinero en los subtes.

    Peor, pero muchisimo peor es cuando los funcionarios del gobierno te meten la mano al bolsillo

  5. En ese caso lo mejor que se puede hacer es ir a comprarle el medicamento (obviamente hay casos en los que no se aplica). Si te esta cagando en una de esas salta la ficha y al medicamento lo podes donar o algo asi. Aunque tambien puede pasar que se lo quede y lo venda, pero al menos no le estas dando plata.

  6. La cagada es que por un h. de p. pagan otros, porque después que te joden no le queres dar nada a nadie.

  7. 7 Gustavo

    La diferencia del “cuento del tio” del paisano este y del de los politicos es que, en el del paisano caes solo una vez, con los otros venimos cayendo cada cuatro años…

    Hace un tiempo camina de vuelta al trabajo por florida (altura galerias pacifico) y vi a un turista hablando con alguien que le pedia plata, el turista le preguntaba a la mina para que queria la plata, ella le responde – para darle de comer a mi hijo – a lo que el le responde, – estoy por ir al McDonals de la otra cuadra, si quiere venga con migo que les compro algo a todos. Me quede mirando porque estaba seguro que la mina le iba a decir que no, y asi fue. Le dijo que “ASI” no le servia.

  8. Jaja si, la mayoria de las veces salta la ficha. Yo trabajo en un cyber-locutorio y siempre pero siempre caen a manguear y los cuentos son de lo mas variados. Lo interesante es que por algun motivo suelen caer cuando estoy comiendo, asi que lo mas comun es que les diga que no tengo plata (porque no tengo) y les ofrezca algo de lo que estoy comiendo. Hasta ahora solo uno me acepto una empanada, y eso que vienen todos los dias.

  9. hace unos años en la salida del dubte de Congreso de Tucumán, en Belgrano, un viejito muy bien vestido mangaba una moneda para viajar, porque según él le habían afanado la billetera. No se la podías negar.Laburaba todos los días y enganchaba incautos , entre ellos a mi.

  10. Si, yo por eso no le doy plata absolutamente a nadie. Ademas de que estudio y trabajo y llego con lo justo, es un lujo que lamentablemente no me puedo dar. Si el cuento es que tiene hambre le doy comida (sea o no cierto), si es cualquier otra cosa que no sea comida se lo niego. Se que suena cruel pero me harte, sobre todo de los que actuan para darte lastima, los que tienen hambre de verdad no suelen armarte un relato elaborado ni nada por el estilo para “convencerte”.

  11. 11 Mimí

    Los cuentos del tío existen mientras hay tío que contar.
    Vivo en Suiza, donde nadie se imagina un cuento del tío, pero lo hay. La necesidad es otra. Los drogadictos, de las llamadas drogas duras, heroína y flia., salen a la calle a pedir. El estado los mantiene, no precisan dinero, tienen atención médica, les dan las drogas, tienen viviendas, ropa, comida en comedores especiales. Pueden viajar por donde quieran, no pagan boleto ni multa. No trabajan, no estudian, viven en la calle.
    Pero igualmente quieren dinero, y para ello piden una moneda de cinco francos suizos (unos cinco dólares) que alcanza para una hamburguesa sin bebida ni papas, y es el valor de una noche en dormitorios especiales para gente de la calle.
    Algunos les dan dinero, yo no les doy, sé que es un cuento, con eso compran más droga.
    Jesús dijo que siempre tenemos a alguien a nuestro alrededor a quién ayudar, si nos fijamos lo encontramos.


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